MARRUECOS: Rabat, Casablanca y El Yadida

¡Hola a ti que me estás leyendo! Vengo a hablarte de mi último viaje, 8 días por Marruecos, bueno por parte de Marruecos. Espero que te sirva de guía si es que estás preparando un recorrido por la zona. Para empezar, decirte que el país me sorprendió, estamos muy cerca (desde España) y a la vez somos muy diferentes. Tiene paisajes mágicos, tiene caos y bullicio, tiene olores y colores, tiene mar y paz.

Te pongo en situación: viajábamos tres amigos, Pedro, David y yo, fuimos en diciembre, del 1 al 8 concretamente. Compramos los billetes bastante baratos a mediados de agosto, fueron unos 45€ aproximadamente por persona, incluyendo ida y vuelta. La ida la hicimos desde Madrid a Rabat, y la vuelta desde Marrakech hasta la capital española nuevamente. Los hoteles o riads los escogimos por internet a través de la plataforma Booking.com y con cancelación gratuita, mapa recorridopor si hubiera improvistos. También contratamos un servicio local de alquiler de coches, Trocadero Car, muy amables, buenas condiciones de contrato y el coche estaba impecable. Alquilamos un Ford Fiesta con el seguro a todo riesgo durante 5 días, a un precio de 200€, hicimos unos 700km aproximadamente y sólo gastamos un depósito de gasolina.

Y ahora sí, empezamos con la ruta:

Día 1: Llegada a Rabat

Volamos por la tarde, como ya he dicho desde Madrid a Rabat, donde nos esperaba sonriente con un cartelito el chico de Trocadero Car que nos entregó el coche. Evidentemente recomiendo que te hagas con un GPS, bien contratándolo a través del rental car o bien descargándote previamente los mapas offline a través de alguna aplicación móvil, nosotros utilizamos ambas opciones. Buscamos una gasolinera para llenar el depósito, nos perdimos un par de veces y en media hora aproximadamente llegamos al Riad (es como se llaman los hoteles en Marruecos). Recuerdo que yo estaba espectante en el camino en coche, muchas luces, mucho tráfico, una gran ciudad (te recuerdo que además era de noche), estaba entusiasmada por todo lo que nos deparaba la semana.

Llegamos al Riad Meftaha, muy muy cerca del centro de la ciudad y totalmente recomendado. Nos ofrecieron un té a la menta (como es habitual al recibir visitas) mientras realizábamos el check in, y luego la chica muy paciente nos explicó en un mapa todo lo que podíamos hacer. Realmente disponíamos de muy poco tiempo para ver Rabat: esa noche y la mañana siguiente. Una vez acomodados en la habitación y listos para explorar, salimos al centro de la ciudad a buscar un lugar típico donde cenar, y la verdad… fue toda una aventura.

En las calles había cientos de personas con pequeños puestos que vendían de todo: comida, libros, zapatillas, perfumes, frutos secos…  un poco abrumados pero acostumbrándonos a aquel encantador alboroto. Empezamos a adentrarnos por calles minúsculas y oscuras, en busca de algún pequeño restaurante, fue una misión un poco fallida la verdad. Acabamos preguntando a quién veíamos por la calle, son muy amables pero hay que tener cuidado ya que muchos de ellos se ofrecen a acompañarte a cambio de unas monedas, también es verdad que muchas veces no te queda otra opción, es como un laberinto y ¡encima de noche! Tras un divertido paseo intentando encontrar un lugar donde cenar, llegamos al restaurante Dar Rbatia, muy bonito, comida tradicional y buen servicio. Cuando acabamos la cena y buscamos en un mapa cómo volver al riad, nos dimos cuenta que estábamos a apenas 5 minutos andando… ¡después de casi una hora dando vueltas para encontrar el restaurante!

Derrotados por el cansancio, volvimos al riad y a dormir como bebés.

 

Día 2: Rabat – Casablanca – El Yadida

Habiendo descansado muy bien, me desperté pensando en el desayuno que cumplió perfectamente y superó mis expectativas. Había muchos productos típicos y hechos en la cocina esa misma mañana, exquisito. Al terminar salimos para dar una vuelta por la ciudad. Fuimos andando hasta la Kasbah de los Udayas, que era como un pequeño pueblito al borde del río Bu Regreg. Las calles de la Kasbah eran hermosas, callejuelas blancas y azules llenas de flores y coloridas puertas que acababan en un mirador que nos mostraba la desembocadura del río en el Océano Atlántico.

Paseando por la orilla y adentrándonos un poco más en la ciudad, subimos hasta la Torre Hasán y el Mausoleo de Mohamed V, que se puede decir que se encuentran en el mismo recinto. Pese a ser diciembre hacía sol y una temperatura estupenda, alrededor de 15ºC.

Después de esta breve visita, fuimos caminando hasta el hotel de nuevo, unos 30 minutos, queríamos ver la ciudad por dentro. Rabat es la capital y tiene bastante actividad, empresas, universidad… He de decir que nos faltó tiempo, ya que nos dejamos cosas importantes que ver, como la necrópolis de Chellah, pero teníamos que irnos rápidamente: nuestro siguiente destino era Casablanca para ver la mezquita y la última visita empezaba a las 14:00, íbamos a contrarreloj, una pena la verdad.

Recogimos nuestras maletas, nos montamos en el coche y nos pusimos rumbo a Casablanca, aproximadamente una hora de viaje por autopista, que pagamos 30 dirham si no recuerdo mal, un poco menos de 3€.

Casablanca se podría decir que es la capital económica y empresarial de Marruecos, y eso, se ve nada más entrar en la ciudad. No es la ciudad más bonita que he visitado, voy a ser sincera, pero tiene su encanto. Ciertamente hicimos parada en Casablanca para visitar la mezquita. Única mezquita de todo el país a la que pueden entrar los turistas y la segunda más grande del mundo después de la Meca. Era obligatorio pasar por aquí, y la verdad era la intención de Hassan II, que vio que esta ciudad tenía pocas posibilidades en cuanto al turismo y mandó construir esta majestuosa mezquita al borde del océano y que así pararan los turistas y los cruceros. Desde luego lo consiguió, recomiendo 100% esta visita, la mezquita es una auténtica maravilla y te dejará con la boca abierta por su magnitud y por su decoración exterior e interior, con numerosos detalles. Es una construcción que se terminó a finales del siglo XX y eso se nota desde que entras, con calefacción por suelo radiante, unos elementos decorativos impecables, materiales de calidad, y un techo enorme con posibilidad de abrirse de manera que mientras se practica la oración, se puede estar en contacto directo con el cielo. Impresionante.

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No he dicho que llegamos a las 14:25 pero muy amablemente nos ofrecieron una visita en español, es la única vía para entrar a la mezquita y la entrada cuesta 120 dirham, que son unos 11€, estuvo muy interesante ya que nos explicaron un poco más sobre la religión musulmana y la oración en las mezquitas. Pueden entrar tanto hombres como mujeres y no es necesario que nosotras nos cubramos la cabeza o el cabello. Lo único que te piden es que te quites los zapatos al entrar y te dan una bolsa para que puedas llevarlos. Piensan en todo.

Al salir y después de varios intentos de hacer fotos y que saliera la mezquita entera (ya digo que es enorme) nos fuimos en busca de algún sitio para comer, lo único que encontramos rápido y barato fue una pizzería de la zona y de nuevo a la carretera rumbo a nuestro siguiente destino: El Yadida.

Llegamos cuando la noche ya había caído, no vimos nada, sólo buscamos un sitio para cenar, del que ya te hablaré y después aprovechamos la terracita de nuestro riad. Fue el primer sitio donde nos vendieron cerveza y vino desde que llegamos a Marruecos, así que nos quedamos arreglando el mundo durante unas horas.

 

Día 3: El Yadida – carretera – Essaouira

Siguiendo la tónica del viaje de llegar a las ciudades de noche, dormir y visitarlas por la mañana, hicimos lo mismo en El Yadida. Es una ciudad costera sin mucho atractivo en general, excepto la antigua ciudad portuguesa, como puedes imaginar es porque fue colonia portuguesa durante casi 2 siglos (entre los años 1500 y 1700). No tiene apariencia magrebí pero merece la pena pasear por las viejas calles de legado portugués. Está fortificada por unos gruesos muros que la separan del mar. Lo primero que visitamos fue lo que se llama la cisterna portuguesa, la entrada cuesta 10 dirhams, 90 céntimos (aunque luego te piden monedas como propina) y te hace la visita un curioso hombre viejecito que te explica como una cinta grabada algunos detalles entre francés-inglés-español. Aquí almacenaban el agua de la lluvia para luego abastecer a la ciudad.

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Ese ventanal que se aprecia en la parte superior es la salida al exterior, y lo utilizaban para sacar el agua, como si fuera un pozo.

Después de la visita fuimos a dar un paseo por las calles de la antigua ciudad portuguesa. A primera vista no llama mucho la atención, pero luego va cogiendo encanto y salen unas fotos muy interesantes.

Después de este breve recorrido, volvimos a recoger nuestro equipaje y otra vez al coche. Para ser sincera, para visitar esta ciudad es suficiente con un día o incluso una mañana, como nosotros hicimos. Nosotros paramos aquí a dormir como escala para que no se nos hiciera el viaje en coche tan largo.

Al volver a la carretera, nuestro siguiente destino era Essaouira, pero como había casi 4 horas de viaje (que luego fueron más) marcamos en el mapa un par de paradas para descansar. Quizás fue este punto del viaje el que más me impactó… Para no coger la autopista y circular por la carretera pegada al mar, fuimos por una nacional que nos dio la oportunidad de ver realmente parte de la cultura y el nivel de desarrollo de esta zona del país. Pequeñas aldeas muy viejas, muchas personas trabajando en el campo cuyo transporte eran burros o caballos, carreteras sin asfaltar… bueno otra parte de Marruecos que desvela un poco de realidad y que no podemos ignorar. Fue un recorrido curioso y que me alegro de haber descubierto, que también nos dejó paisajes alucinantes de playas y acantilados totalmente vírgenes. Paramos a tomar un té en Oualidia, parada que nos recomendó la chica del riad la noche anterior, es una ciudad costera pero con poca vida, ya que creo que vive principalmente del turismo en los meses de temporada alta. Después de otras dos horas en coche, paramos en Safí, fue solo una parada técnica para comer y continuar hasta Essaouira, ciudad a la que volvimos a llegar de noche.

Hasta aquí esta primera parte del viaje, antes de dar un giro, ya que en el próximo post te espera Essaouira, un poco de surf, Marrakech y el desierto.

 

¡Nos vemos pronto!

 

Ro.

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